¿Cuáles son las más habituales? ¿Todas las personas reaccionan igual? ¿Cómo se manifiesta? ¿Se puede tratar?

La alergia alimentaria es una reacción del sistema inmunitario como respuesta a haber ingerido un determinado alimento. Consiste en que nuestro organismo percibe como nociva una sustancia, normalmente una proteína que denominamos alérgeno, que en realidad no lo es para el resto de las personas. Por tanto, los componentes de los alimentos causantes de las reacciones alérgicas son las proteínas.

Se calcula que la alergia alimentaria afecta al 6 y 8 por ciento de niños menores de 3 años y hasta al 3 por ciento de adultos. A pesar de que no existe cura, algunos niños superan su alergia alimentaria con la edad, sobre todo ocurre con determinados alimentos. Esto ocurre, sobre todo, con la leche y el huevo. A partir de los 5 años, disminuyen las posibilidades de tolerar un alimento al que el niño está sensibilizado.

Dependiendo de la edad del niño se producen unas sensibilizaciones u otras. En niños pequeños el huevo y la leche son los alimentos más habituales, seguidos del pescado. Otros alimentos como los frutos secos, las legumbres, el marisco, las especias y las frutas (sobre todo la piel -LTP-) causan alergia alimentaria en niños más mayores.

En el caso de la leche de vaca, las proteínas que con más frecuencia producen alergia son la caseína, la alfa-lactoalbúmina y la beta-lactoglobulina. En el huevo, la ovoalbúmina y el ovomucoide, etc…

Para algunas personas, una reacción alérgica a un alimento específico puede resultar molesta pero no grave. Para otras personas, una reacción alérgica a un alimento puede ser aterradora e, incluso, poner en riesgo su vida. Los síntomas de una alergia alimentaria normalmente se manifiestan de unos minutos a un par de horas después de ingerir el alimento ofensivo.

Cuando el niño come de forma accidental o toca el alimento al que es alérgico puede presentar síntomas en la piel (habones/urticaria, hinchazón/edema, picor…), síntomas digestivos (picor en la boca, vómitos, diarrea, dolor abdominal), síntomas respiratorios (tos, estridor, dificultad para respirar, congestión nasal) o varios síntomas al mismo tiempo (anafilaxia). La reacción más grave es cuando están afectan varios órganos a la vez con disminución de la tensión arterial (shock anafiláctico). En nuevos contactos con el alimento el niño puede presentar los mismos síntomas iniciales (las reacciones que motivaron el estudio y posterior diagnóstico de la alergia) o diferentes, con igual, mayor o menor intensidad. Es importante saber que la reacción alérgica no depende de la cantidad ingerida sino de la sensibilidad del paciente a ese elemento.

El diagnóstico se basa en tres pilares: Diagnóstico de sospecha por los síntomas presentados, diagnóstico clínico mediante las pruebas cutáneas y las pruebas analíticas, y un diagnóstico de confirmación mediante la prueba de exposición controlada al alimento en cuestión.

El tratamiento convencional es la evitación del alimento o alimentos causantes de la alergia. Se recomienda evitar estrictamente el alimento productor de la alergia. Hay que tener en cuenta que, en ocasiones, los alimentos se pueden encontrar de forma oculta. Además, se deben leer con detenimiento las etiquetas con la composición de los alimentos elaborados.

En la actualidad han aparecido nuevos tratamientos que intentan revertir la alergia o, al menos, frenarla de forma temporal o definitiva, como es el caso de la inmunoterapia oral con alimentos.

La inmunoterapia oral (ITO) con alimentos se está instaurando en los últimos años como una alternativa al tratamiento convencional que es la evitación del alimento o alimentos causantes de la alergia. La ITO consiste en la administración de dosis crecientes del alimento implicado hasta alcanzar la dosis mayor tolerada o que represente la ración habitual para la edad (por ejemplo, 200ml de leche de vaca o un huevo). El objetivo básico de la ITO es evitar la reacción alérgica, sobretodo la anafilaxia, tras la exposición al alimento que causa la alergia. Algunos pacientes consiguen la tolerancia mantenida, es decir, pueden tomar libremente el alimento sin necesidad de un consumo regular. Por el contrario, otros pacientes necesitan de la toma regular del alimento para no presentar reacción, son los pacientes desensibilizados.

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