Las reacciones adversas a fármacos se definen como un “efecto perjudicial o no deseado que aparece tras la administración de un fármaco a las dosis normalmente utilizadas en el hombre para prevenir, diagnosticar y/o tratar una enfermedad”

Las reacciones alérgicas a fármacos se caracterizan por estar mediadas por mecanismos inmunológicos. Esto implica que son específicas del fármaco inductor, remiten al suspenderlo, son reproducibles con la reintroducción del mismo, requieren una exposición previa (sensibilización) a ese fármaco y puede existir hipersensibilidad cruzada con otras sustancias de estructura química similar. Habitualmente son impredecibles y generalmente independientes de la dosis.

Los medicamentos que con más frecuencia se relacionan con reacciones alérgicas son los antibióticos, entre los que destacan las penicilinas. También son frecuentes las reacciones a analgésicos y antiinflamatorios. En todo caso, cualquier fármaco puede ser una potencial causa de alergia. La frecuencia de reacciones alérgicas a medicamentos aumenta en relación directa con el mayor consumo de fármacos por parte de la población.

No existe un patrón clínico característico de presentación de las reacciones alérgicas a medicamentos. Sus manifestaciones clínicas son amplias y variadas, pudiéndose afectar cualquier órgano o sistema del organismo, aunque lo más frecuente es la reacción cutánea generalizada.
El diagnóstico de las reacciones alérgicas a medicamentos se basa en la realización de una minuciosa historia clínica y, en función de las características de la reacción, en la utilización de métodos in vivo, como las pruebas cutáneas y de exposición controlada, y métodos in vitro.

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